¿Sabes lo que hago yo con las víctimas?

¿Quieres que te cuente lo que hago yo con las víctimas?

Las convierto en responsables de su situación.

Así, sin paños calientes. Tal y como lo oyes, y ¡menudo favorazo que les hago!

Cuando nos ocurre un hecho desagradable (y, desde luego, quedarse en situación de desempleo cumple todos los requisitos), tenemos dos caminos a seguir:

  • Uno que nos hace bien.
  • Uno que nos hace mal.

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Y como somos así,  como (en general) nos gusta darnos cañita, ¿adivinas cuál solemos escoger todos en la fase inicial? Así es, por goleada gana el que más nos perjudica, el que nos paraliza, el que a corto plazo parece fácil. Y entonamos el “pobre de mí” a quienes se acerquen a escucharnos y nos deslizamos por la vida tal y como el resto de personas esperan que nos comportemos, teniendo en cuenta nuestra desdichada situación.

Y para un rato no está mal. Todos tenemos derecho a recrearnos en esta situación un día (uf, es mucho, dejémoslo en medio día) La cuestión empeora cuando tu postura en el lado de la víctima se cronifica. Y se convierte en nuestro nuevo estilo de vida. Y, al principio, nos comportamos como si fueramos víctimas sabiendo que si el elemento que causó nuestro infortunio desapareciera volveríamos a ser los de antes.

Pero quiero advertirte de algo tremendamente importante. Hay un hecho tan real como fatídico y es que nuestra querida cabecita se cree ciegamente lo que le decimos y acaba, finalmente, por hacer que seamos auténticas víctimas.

Y las víctimas no tienen el control. Como su situación es por una causa ajena a ellas sólo pueden esperar a que los astros confabulen a su favor para que su vida cambie. Y, créeme que esperar cansa, duele y desespera mucho más que caminar.

Y las víctimas lloran sus penas, y buscan la compañía de quiénes quieren escucharlos llorar o de quienes quieren llorar a su lado retroalimentando mutuamente sus desgracias y “matar” sus horas jugando al “y yo más”.

Y nos llaman ilusos (en el mejor de los casos) a quiénes queremos usar nuestras manos para levantar, para empujar, para acompañar y no para acariciar superficial y fácilmente. Y hacen que nos alejemos. Y cada vez te quedas más solo.

Cuando eres víctima te quedas paralizado. No actúas, ves pasar la vida delante de ti. No piensas, rumias lo negativo y alimentas creencias disparatadas. ¿Luchar? ¡Si te cuesta levantarte del sillón! Si toda tu energía se te va en quejarte, en buscar a dónde dirigir esta vez tu dedo acusador, en asegurarte de encontrar pruebas fehacientes de que, efectivamente, en tu situación, con tu edad y/o con tu género, con tu formación y en tu sector, y en este (querido) país, no hay nada que hacer.

Cuando eres víctima no puedes salir de tu zona de confort porque ni tan siquiera la tienes. Nadie puede encontrarse cómodo en esa situación de desventaja, de indefensión. No luches por acomodarte ni te empecines en quedarte ahí.

Sé que quieres salir, que tú también quieres mirar a la vida de frente, con ilusión y con pasión, con ganas de ir (de una vez) a por todas. Y también sé que cuesta. Vaya si lo sé…

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Por todo esto, quiero hacerte responsable de lo que te pasa. Porque sólo así tendrás la posibilidad de encontrar la respuesta y, sobre todo, porque sólo así tendrás la opción de llevarla a la práctica.

Porque cuando te haces responsable de tu situación de desempleo, cuando asumes que está en tu mano cambiar y que tienes que devorar todos los medios que se ponen en tu camino para poder hacer cosas que te traigan resultados esperados, tu vida y tú cambiáis. Y a mucho mejor.

Porque cuando crees en ti, luchas. Porque cuando luchas, los demás te ven. Y les transmites tu fuerza. Y dejan de pensar en “pobrecito de él” para pasar a decir “mira, que narices le ha echado ella a su situación”, y, entonces ya no te ayudan. Hacen algo mucho mejor: colaboran contigo.

Antes no movían un dedo por ti, es lógico ¡para qué lo iban a hacer si tú no tenías capacidad de moverte!

Ahora eres responsable. Tienes la responsabilidad sobre tu situación. Ahora respondes y ahora actúas. Ahora estás en disposición y debes aferrarte a todos aquellos que te tiendan la mano para acompañarte en tu salida triunfal del escondite de las víctimas.

Ya no te quejes más. ¿Te ha servido para algo? Dítelo en voz alta. Escucha de tu propia voz ese “no” a regañadientes que sé que te está saliendo. Te ha pasado lo que te ha pasado. Es un hecho, ya está y no hay posibilidad de cambio. Pero en tu manera de actuar si la hay. Vete a por ello, hazte responsable de tu capacidad para darle la vuelta a tu situación.

Deja de buscar motivos para permanecer en tu posición de víctima. Las posibilidades de que venga un superhéroe a rescatarte son, cuanto menos, escasas (si viene, por favor, llámame urgente)

¿Dejamos de ser víctimas? Está en tu mano. Y yo, te tiendo la mía.

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12 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Pilar dice:

    Muy bien!
    Especialmente con l@s víctimas profesionales, que lo que buscan es que les den trato privilegiado o les hagan las tareas que no quieren hacer por vagos y cómodos.

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    1. Elena Arnaiz dice:

      Hola Pilar!! gracias por tu comentario. Es importante para mi no situarnos en el lado de las víctimas porque no permite la acción, no permite el cambio y, por tanto, no permite el desarrollo. Además, nos deja en una postura totalmente subordinada a las circunstancias externas y nuestra capacidad de maniobra se ve totalmente reducida. Tomar las riendas y hacernos responsables de nuestra situación es, sin duda, una opción con mayor tendencia al éxito.
      Gracias de nuevo por tu comentario!!

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  2. German dice:

    Elena, genial post, que me he leído y releído. Aunque peque de no se qué, y lo digo en impersonal, a veces nos miramos demasiado el ombligo. Queremos mantener la calma, y un día estás bien y otro regular, y de nuevo, bien. No sé si yo en particular, me lo vuelvo a creer, o es el mundo que te rodea.

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    1. Elena Arnaiz dice:

      Me alegro muchísimo de que te haya gustado y sobre todo de que te haya llevado a tu propia reflexión Germán. ¡Un abrazo!

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  3. Reblogueó esto en ¡Empréndete de todo!y comentado:
    Enhorabuena a Elena Arnaiz, autora de este artículo. ¡Genial!

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    1. Elena Arnaiz dice:

      Muchísimas gracias Fernando!!! Es un post del que estoy muy orgullosa, me ha salido muy de adentro y creo firmemente en nuestra capacidad de darle la vuelta a nuestra situación. 🙂

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      1. Desde luego que sí Elena. Dejar de ser víctima es el primer paso para conseguir cumplir nuestros sueños y tu lo has contado de maravilla. 🙂

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  4. maite dice:

    Me ha gustado tu articulo , yo me encuentro en esa situación de desempleo y no estoy preparada para nada asi que decidí dejar de lamentarme y he decidido prepararme ¡voy a estudiar para poder encontrar empleo y estar preparada.Gracias

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    1. Elena Arnaiz dice:

      Ay Maite, ¿te parece que ser consciente de las cosas que tienes que mejorar y ponerte manos a la obra es estar poco preparada? Tienes tanto camino andado!! Me alegra mucho escuchar actitudes como la tuya y te doy mi enhorabuena. Me encantará que me cuentes lo bien que te está yendo pese al esfuerzo que te está costando. Estoy segura de que asi será! Mil gracias por tu comentario!!

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  5. Rosa Ramos Delgado dice:

    Como siempre, me ha encantado tu artículo, cuánta razón hay en tus palabras; porque no sirve al otro/a pasar la mano sin más, sin apoyar el impulso a la acción.
    Gracias Elena por tu capacidad para contar las cosas sin abrir heridas pero apoyando el cambio.

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    1. Elena Arnaiz dice:

      Justo es esa mi intención, usar las palabras para impulsar el cambio y la apertura a otros puntos de vista! Con todo mi respecto y desde el corazón pero con necesaria (en mi opinión) contundencia, porque el tema es realmente serio y porque creo firmemente que es nuestra actitud y no nuestras circunstancias quien guía nuestro éxito. Gracias siempre por tu apoyo y por tu generosidad Rosa. Es un lujo para mi tenerte!

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